La forma teórica de la ciencia, basada en la lógica formal, encuentra, a esta altura del desarrollo de la sociedad capitalista, un límite visible: demuestra no poseer la potencia de la regulación consciente de la vida social, erigiéndose, por tanto, en una forma necesariamente apologética del capital, fijando y multiplicando la fragmentación de su propio conocimiento en múltiples disciplinas, y declarando, en último término, la imposibilidad misma del conocimiento objetivo.
Frente a este límite manifiesto, la subjetividad productiva expandida de la clase obrera (su órgano portador del conocimiento científico) no puede más que revolucionar la forma misma de la ciencia, transformándola en 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑖𝑎𝑙𝑒́𝑐𝑡𝑖𝑐𝑜: un conocimiento que ya no se detiene ante las simples afirmaciones aparentes, para luego representarlas y conectarlas de forma exterior mediante una teoría, sino que penetra mediante el pensamiento en las determinaciones materiales existentes en el objeto real que pretende transformar, siguiendo idealmente su propio automovimiento, apropiando y desarrollando íntegramente sus potencias.La acción revolucionaria de la clase obrera no puede tener más punto de partida que el conocimiento objetivo, de causa, de aquello que la constituye y sobre lo que busca operar: su propio metabolismo social. El primer momento de la práctica revolucionaria, por tanto, consiste en el reconocimiento de las determinaciones históricas objetivas del mismo conocimiento objetivo. Se trata de un salto cualitativo en el desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo humano, en general, y en el despliegue de las potencias del conocimiento científico, en particular.
La forma teórica de la ciencia, basada en la lógica formal, encuentra, a esta altura del desarrollo de la sociedad capitalista, un límite visible: demuestra no poseer la potencia de la regulación consciente de la vida social, erigiéndose, por tanto, en una forma necesariamente apologética del capital, fijando y multiplicando la fragmentación de su propio conocimiento en múltiples disciplinas, y declarando, en último término, la imposibilidad misma del conocimiento objetivo.
Frente a este límite manifiesto, la subjetividad productiva expandida de la clase obrera (su órgano portador del conocimiento científico) no puede más que revolucionar la forma misma de la ciencia, transformándola en 𝑐𝑜𝑛𝑜𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑑𝑖𝑎𝑙𝑒́𝑐𝑡𝑖𝑐𝑜: un conocimiento que ya no se detiene ante las simples afirmaciones aparentes, para luego representarlas y conectarlas de forma exterior mediante una teoría, sino que penetra mediante el pensamiento en las determinaciones materiales existentes en el objeto real que pretende transformar, siguiendo idealmente su propio automovimiento, apropiando y desarrollando íntegramente sus potencias.
