La necesidad de los Grupos de Investigación del SICAR

Quienes organizan su acción política en el SICAR se encuentran reunidos por el nexo de una interrogante radical: ¿qué hacer? Se trata de una pregunta que, mientras que el marxismo de nuestros tiempos la formula de modo retórico (ya que el núcleo del saber se encuentra petrificado en los textos canónicos), nuestra organización por el contrario la asume en su vértigo constitutivo: la forma de organizar la acción revolucionaria no ha encontrado aún resolución. Ante semejante vacío, el SICAR se enfrenta con la necesidad de darse urgentemente una respuesta a la altura de la historia, es decir, sobre la base de la producción científica más desarrollada. Precisamente, esa es la necesidad de la existencia de los Grupos de Investigación del SICAR: ser los órganos del colectivo dedicados a la producción original de conocimiento dialéctico sobre las determinaciones de la clase obrera en su forma actual.
En este sentido, la pregunta por la acción revolucionaria, que en verdad es la pregunta por la determinación de nuestra conciencia como obreros y obreras no puede de ninguna manera plantearse de forma teórica (sociológica, historiográfica, económica, etc.) ni mucho menos filosófica. Por el contrario, ni bien se formula esta pregunta pareciera que esta se desvaneciera en su inmediatez por “debajo” porque de la mano de las teorías críticas materialistas sale disparada hacia las determinaciones más simples del trabajo, de la vida y de la simple materia; por “arriba”, porque empujada por el posmodernismo se disuelve en la infinita multiplicidad de las particularidades individuales. Por lo tanto, a pesar de que el estado actual del conocimiento científico se presente como un retroceso por haber “abandonado” las grandes preguntas sobre la acción revolucionaria del proletariado, en verdad revela su potencialidad en tanto exige situar la acción política de nuestra clase en la unidad total de las determinaciones de la materia. Sin embargo, el estado del conocimiento científico, tal como lo ha descubierto Juan Iñigo Carrera, efectivamente encuentra su límite en la naturaleza lógico-teórica de su proceder. En esta condición, invierte sus potencias y se desluce en su esterilidad política: por no reconocer la unidad sustancial de la multiplicidad, se representa todas las determinaciones afirmadas externamente las unas al lado de las otras, dando por resultado un individualismo político de la infinitud y la aleatoriedad.
Pero la crítica contemporánea de la economía política nos provee el reconocimiento de la historicidad de la forma lógico-teórica de la ciencia, y, por tanto, la necesidad de trascender la “teoría crítica” en la crítica de la teoría. No se trata entonces de captar la multiplicidad de las determinaciones en su interacción extrínseca, sino de penetrar en el concreto por medio del análisis hasta alcanzarlo en su determinación más simple, -la contradicción-, para así acompañarlo en su necesidad sintética hasta encontrar la determinación de nuestra propia acción como potencias a realizar. Ya lo señaló Marx: es la necesidad de desplegar el conocimiento en tanto expresión de “una única ciencia”. Lo que la crítica de la representación lógica pone entonces de manifiesto es que no existe forma alguna del universo que sea extraña a la determinación de nuestra acción. Lo que quiere decir que la unidad concreta de las determinaciones de la materia no es ajena a la acción política revolucionaria de la clase obrera. En definitiva, en las antípodas de los partidos marxistas, que caracterizan gratuitamente la apertura y el cierre de “ciclos políticos” por medio de la mera representación intuitiva, una práctica política que se proyecte bajo el signo del socialismo científico necesita enfrentarse a la coyuntura, al presente, en la absoluta densidad de sus determinaciones.
Bajo el yugo de la necesidad de enfrentar la pregunta por la acción del proletariado en la unidad de sus determinaciones, el SICAR resolvió darse hasta el momento tres Grupos de Investigación; sintéticamente:
El Grupo de Investigación en Método Dialéctico (GIMD), que tiene por delante la tarea de avanzar tanto en el reconocimiento de las modalidades de la determinación en sus formas más simples, como en la reconfiguración correspondiente del lenguaje técnico y las estrategias expositivas respecto del conocimiento dialéctico socialmente acumulado. De este modo, el GIMD se constituye como el principal punto de apoyo para la producción del resto de los grupos de investigación.
El Grupo de Estudios en Materialismo Histórico (GEMH), cuyo objetivo es reconocer las determinaciones del desarrollo histórico humano precapitalista mediante la crítica del conocimiento teórico socialmente acumulado.
El Grupo de Crítica de la Economía Política (GCEP), orientado a la investigación de las potencias revolucionarias del trabajo privado e independiente, esto es, del capital y sus formas concretas.
Esta división del trabajo, que en verdad parece arrojar una nueva fragmentación disciplinar, se resuelve en la unidad organizativa del SICAR en tanto obrero colectivo: no se trata de grupos recíprocamente independientes, sino de los órganos de un colectivo que tiene por delante la elaboración de una síntesis unitaria permanente. De este modo, la necesidad del SICAR consiste en organizar el curso de la acción de la clase obrera en el despliegue de su potencialidad revolucionaria por medio de la superación de la representación lógica.